Estos días según ellos: “asume un hombre dedicado, genuino y apasionado”

Todo lo que esté entrecomillado en este texto lo dicen ellos. Todas las frases y reflexiones de este texto sobre la semana previa al inicio de una dictadura las dijeron o escribieron ellos: “periodistas”, “analistas”, “expertos” y “fuentes” de los medios del bukelismo. Esta es su versión de lo que El Salvador acaba de vivir, de “esta magia que está sucediendo”.

Víctor Peña
Martes, 18 de junio de 2024
Óscar Martínez

“Las etnias del Tíbet conviven en armonía y trabajan para mejorar la región”, escribió el lunes René Gómez, enviado especial a China. A Beijing, en concreto. No al Tíbet. A él lo enviaron a Beijing. Pero, según le dijeron las autoridades chinas “en una conferencia de prensa” en Beijing, “el turismo cultural” es la clave del Tíbet, porque está por las nubes, como El Tíbet, conocido como el techo del mundo porque está a unos 4,000 metros sobre el nivel del mar y a más de 2,300 kilómetros de Beijing, donde Gómez fue a la conferencia de prensa. Gómez fue “enviado especial” a China de Diario El Salvador, el periódico del bukelismo.

El Tíbet es una región ocupada por China desde que las tropas de Mao Zedong se la tomaron en 1950, pero parece que en la conferencia de prensa a la que Gómez fue en China nadie lo mencionó. Quizá por eso él no escribió nada al respecto en el artículo que publicó el 27 de mayo de 2024, al inicio de la semana previa a que El Salvador iniciara su dictadura, muchas décadas después que Mao Zedong hiciera lo propio.

El resto del periódico fue más previsible. Menos sorpresas que en la página 14, en la que Gómez escribió de El Tíbet. En la portada se contó de “una ola de calor” y se anunció la sección especial “Nayib Bukele, cinco años de transformaciones”, donde se destacó, entre otras virtudes, que El Salvador es el país “más seguro del hemisferio” porque más de “80,000 terroristas” han sido encarcelados en unos dos años y gracias al régimen de excepción. Ese artículo, el de portada de ese lunes, lo escribió David Carpio y citó a dos fuentes. Solo a esas dos: el presidente Nayib Bukele y su ministro de Defensa.

Similar a lo que le paso a Gómez en China, donde nadie le dijo nada de los problemas del Tíbet, a Carpio al parecer nadie tampoco le dijo nada sobre las más de 250 muertes de reos en las cárceles del régimen ni sobre los rastros de tortura en esos cadáveres ni sobre la evidencia de personas apresadas arbitrariamente en El Salvador. Ninguna de sus dos fuentes mencionó eso: ni Bukele ni el ministro de Defensa. Al parecer, las versiones oficiales omiten tanto en Beijing como en San Salvador.

Lo dicho, la página 14 desde China fue la más inesperada. En la cuatro, donde la única fuente fue el ministro de Defensa, titularon que “Policía y Fuerza Armada impusieron orden en El Salvador”. Fuera del texto, en una frase destacada con diseño y tipografía, había una fuente más: Nayib Bukele. Dijo: “Unos dicen que soy valiente, pero no soy valiente a la par de los soldados y policías que arriesgan su vida”.

En la página ocho consignaron en ocho párrafos que los habitantes de una comunidad que estaba bajo cerco militar “aplauden” la medida. En la sección de opinión, el editorial “Avance seguro” y la columna del secretario de Prensa de Bukele, Ernesto Sanabria, que, bajo el título “Euforia y disforia”, calificó así a su jefe: “líder visionario, de esos que son nivel 5, que explica perfectamente John C. Maxwell”. En 15 párrafos, también le llamó “dedicado, genuino, apasionado, perseverante y de ideas claras”. Para la oposición, hubo menos espacio: “esquizofrénica”.

Así inició la semana, entre Beijing y San Salvador.

Muchos creadores de contenido se paseaban en la plaza para hacer sus transmisiones en vivo. Para la mayoría, la toma de posesión ilegal, era una fiesta del pueblo. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
Muchos creadores de contenido se paseaban en la plaza para hacer sus transmisiones en vivo. Para la mayoría, la toma de posesión ilegal, era una fiesta del pueblo. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

“La Perestroika salvadoreña”

Un día después del artículo desde China, las referencias de Diario El Salvador siguieron sorprendiendo con sus reminiscencias comunistas, a pesar de que en esas horas la noticia en boga era que el conservador y derechista presidente de Argentina, Javier Milei, confirmó que vendría a la toma de posesión de Bukele. El mismo Milei que dijo que el comunismo era “una enfermedad del alma” y que no pocas veces ha utilizado apelativos menos poéticos: “comunistas de mierda” o “zurdos hijosderemilputas”.

En las páginas de opinión del diario del bukelismo, “el escritor” Douglas Campos titulaba: “Perestroika en el valle de las hamacas”.

A El Salvador le llaman valle de las hamacas por una razón sencilla: tiembla mucho. Nos hamacamos, por así llamar a esas zamaqueadas aterradoras y destructivas que nos da la tierra con frecuencia. Y la Perestroika… La Perestroika no es sencilla de explicar.

Así lo hizo “el escritor” Campos en Diario El Salvador: “Perestroika es una palabra rusa que significa «reestructuración», y tomó gran popularidad en los últimos días de la Unión Soviética bajo el mando del ganador del Premio Nobel de la Paz Mijaíl Gorbachov, como una serie de medidas que planteaban reformas estructurales organizativas de la nación que representaba, entre estas, un nuevo sistema bancario, reformas de moneda y más, tras una depresión económica de la URSS sin precedentes”.

Una línea después, fue al grano: “En la historia reciente nuestro país se ha fraguado su propia perestroika…”.

Y, tres parrafitos después, concluía su columna: “Cosas que antes parecían imposibles se han logrado en relativamente poco tiempo y juntos avanzamos a una nueva era de cambios positivos que perduren en la historia de las nuevas generaciones, como parte de las cosas que hicieron florecer de las cenizas a una nación cansada de pelear, una nación con ganas de ser grande, con ganas de dejar de vivir en el pasado y mirar hacia el futuro todos juntos. Una perestroika en el Valle de las Hamacas”.

En el futuro, una Perestroika. Futuro. Perestroika.

Si no se dio contexto de El Tíbet en la edición del día anterior, ¿por qué esperarlo de la Perestroika? ¿Para qué recordar detalles como que la Perestroika terminó con la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 15 repúblicas que no han tenido el discurrir más pacífico del globo terráqueo? 

“Basta con salir a caminar a la calle para darnos cuenta de que El Salvador ha cambiado…”, escribió “el escritor” Campos.

Los asistentes a la plaza Barrios vieron la segunda juramentación de Bukele a través de pantallas gigantes que se instalaron. El acto oficial fue realizado en el interior del Palacio Nacional. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
Los asistentes a la plaza Barrios vieron la segunda juramentación de Bukele a través de pantallas gigantes que se instalaron. El acto oficial fue realizado en el interior del Palacio Nacional. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

“Parásitos”

El miércoles 29 de mayo, ya sin tíbets ni perestroikas, el artículo más destacado en la página de internet de Diario El Salvador repetía lo que dijo una “periodista española” llamada Elena Barberena. Tras una breve búsqueda en las redes, aparece como una “periodista” que suele repetir que “en España la gente quiere un Bukele”. Suele repetir también que El Faro, este medio, ha recibido financiamiento de Open Society Foundations, la organización filantrópica fundada por el magnate George Soros. Para descubrir eso basta un ejercicio sencillo: entrar a elfaro.net, ir hasta el final de la página principal y leer “El Faro es apoyado por:”. También, por ejemplo, ha dicho que El Faro escribe “teniendo siempre una clara empatía con las maras”. Quién sabe si ella supo que el medio fue amenazado por las pandillas en 2012, cuando Bukele empezaba su carrera política como el izquierdista alcalde de un pequeño municipio; o que el medio reveló todos los pactos secretos conocidos desde 2012 entre esas maras y los políticos: los de antes y los de Bukele. Para descubrir esos pactos no bastaba con ir a ninguna página web. Eran ocultos, como casi toda la información de la gestión de Bukele. En fin, decir es fácil. Tíbet. Perestroika.

El artículo con las frases de “la periodista” era corto y destacaba una: “El sábado será la derrota de los medios de propaganda y parásitos”.

“La era Bukele”

El viernes 31 de mayo, los medios del bukelismo estaban concentrados en la antesala de la inusual ceremonia donde su líder tomaría posesión de un poder que nunca dejó de tener.

La edición del mediodía del Noticiero El Salvador, en el estatal Canal 10, mostraba al presidente de Ecuador caminando por la alfombra roja del aeropuerto. Luego, a la presidenta de Kosovo y a la primera ministra de la dictadura de Guinea Ecuatorial. El reportero Kevin Castillo anunció que pronto llegaría “al que muchos estaban esperando: el rey de España”. Ante el arribo de los líderes internacionales, el reportero Luis Muñoz aclaró que lo que los atraía era “la era Bukele”.

Luego dieron paso a un picadillo de noticias. Que el congresista de Florida, el republicano Matt Gaetz dijo que en este país “hay como una magia que está sucediendo”. Que el reportero Adonay Flores contó que unos “dirigentes del FMLN llevaban meses planificando atentados con explosivos de alto impacto”. Y luego reprodujeron unos audios difundidos por la Policía y que no demuestran nada de lo dicho por el reportero. Y entra Walter Araujo -un opinador del bukelismo- a llamarles “viles ratas terroristas” a los capturados. Y dijo que espera que “las ratas canten”. Y la reportera Isabel Ramos complementó: “Araujo destacó que hay pruebas suficientes para que pasen tras las rejas el resto de sus vidas”. Y luego un corte comercial: ¡Los Fabulosos Cadillacs en El Salvador, este 6 de junio! Y de vuelta con las noticias, donde la reportera Daniela Flores explicó que “los juicios colectivos permiten procesar hasta a 900 pandilleros en un solo juicio”, y que la Fiscalía ya hizo 170 solicitudes para procesar a más de “22,000 terroristas”. Y luego las internacionales, que en esa edición solo fueron tres, y la presentadora Samalí Dinarte las presentó así: “fuera de nuestras fronteras la violencia está a la orden del día”, y se vino la reportera Lorena Díaz a contarnos sobre un hombre apuñalado “en pleno Times Square”, en Nueva York; y “el pánico que vivió” una familia en Mississippi a la que le robaron el carro; y cuatro personas apuñaladas por un joven en Alemania. Y de vuelta con la presentadora al Estudio Alfa: “Así está el mundo”, dijo y dio paso a la sección del clima.

Videógrafos asignados por el Gobierno alentaban a los asistentes para que gritaran el nombre de Bukele. Esta fue una acción recurrente durante el acto de investidura inconstitucional. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
Videógrafos asignados por el Gobierno alentaban a los asistentes para que gritaran el nombre de Bukele. Esta fue una acción recurrente durante el acto de investidura inconstitucional. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

“Sin titubear”

Y llegó el 1 de junio y, a las 9:35 de la mañana, ya no hubo ninguna otra voz. Ni El Tíbet ni la Perestroika. El centro del mundo era el Centro de San Salvador. Todas las pantallas de todas las televisoras de todo el país mostraban a Bukele diciendo otra vez “sí, juro”, y saliendo al balcón del Palacio Nacional y dando su discurso ante la plaza llena que lo esperaba desde temprano.

“Todos los gobiernos del mundo reconocen este gobierno, a pesar de lo que digan algunos opositores”.

Y la plaza aplaudió.

“Este es el momento más importante en nuestra historia reciente. Vencimos el miedo, somos un país libre”. Y dijo que lo logró todo “con la Gloria de Dios y con la sabiduría de Dios. Los milagros que hemos visto en este país no son pocos. Y, si Dios así lo desea, vendrán muchos más. Debemos agradecerle a él por toda su misericordia con nosotros”. Luego agradeció a su esposa, luego a sus hijas, luego a sus hermanos, luego a su madre, luego a su padre. “Y, por último, pero no menos importante, a este gran pueblo salvadoreño”.

Y la plaza aplaudió.

Y luego dijo “un símil” en el que él claramente era un médico que atendía a un paciente que había sido engañado por muchos malos médicos y solo había enfermado más. Y él, el médico bueno, detectaba cáncer y otras enfermedades en el paciente, y se enfocaba en el cáncer y lo curaba. “El paciente debe seguir las indicaciones, no debe titubear”, dijo. “La sociedad salvadoreña sigue enferma, pero ya no tiene cáncer”, dijo. “Ya les cumplimos con creces. Ya quisieran otros pueblos tener lo que tenemos ahora”. “El Salvador cambió para siempre”. “Debemos seguir escuchando al doctor que ya nos curó de lo más grave y seguir la receta al pie de la letra”.

Y la plaza aplaudió.

“Hagamos un juramento. Les pido a todos que levanten su mano: juramos defender incondicionalmente nuestro proyecto de nación siguiendo al pie de la letra cada uno de los pasos sin quejarnos, pidiendo la sabiduría de dios para que nuestro país sea bendecido de nuevo con otro milagro. Y juramos nunca escuchar a los enemigos del pueblo. Que dios los bendiga y que dios bendiga a El Salvador”.

Y la plaza juró.